¿CÓMO SERÍA EL PAISAJE VEGETAL DEL PARQUE REGIONAL HACE 2000 AÑOS?

¿CÓMO SERÍA EL PAISAJE VEGETAL DEL PARQUE REGIONAL HACE 2000 AÑOS?

El municipio toledano de Carranque (linda con el municipio madrileño de Batres y con el Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama y su Entorno) cuenta con uno de los yacimientos romanos más importantes de la Península Ibérica.

El yacimiento está situado en una terraza de la margen derecha del río Guadarrama y se descubrió de manera fortuita en 1983 como consecuencia de las labores agrícolas practicadas en este paraje por el vecino de Carranque llamado Samuel López Iglesias.

Si consultamos la página web del descubridor (https://carranquerural.es/), podemos observar imágenes en detalle de los mosaicos del yacimiento arqueológico. En los mosaicos podemos ver jabalíes, perdices y liebres; especies animales frecuentes en bosques mediterráneos abiertos o en zonas de cultivos y eriales del actual Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama y su Entorno. Estos tesoros arqueológicos en forma de mosaicos, nos pueden ayudar a imaginar cómo sería la vegetación de esta zona en tiempo de los romanos.

Imagen de un mosaico del Yacimiento de Carranque. Autor y propietario de la foto Samuel López Iglesias.

Las descripciones de los geógrafos e historiadores romanos sobre el paisaje vegetal del territorio peninsular son breves y generalistas. El más citado es Estrabón, a quién se le atribuye la leyenda de la ardilla que podía atravesar la península saltando de árbol en árbol, al encontrarse el territorio cubierto de una tupida vegetación de porte arbóreo. Realmente Estrabón no habla en su obra de la ardilla, pero sí de extensos bosques:»… (Iberia)…es un su mayor extensión poco habitable, pues casi toda se halla cubierta de montes, bosques y llanuras de suelo pobre y desigualmente regado.» Otros autores romanos corroboran esta abundancia de bosques y así Livio, refiriéndose a las batallas entre cartagineses y romanos en el año 207 A.C., escribe «…entorpecían la marcha de los ejércitos los bosques espesísimos, como son generales en Hispania…».

Imagen de un mosaico del Yacimiento de Carranque. Autor y propietario de la foto Samuel López Iglesias.

Sin embargo, la descripción de Estrabón de la Meseta Norte como «…rica en frutos y ganado…» contradice la suposición de un territorio totalmente cubierto de arbolado, ya que encontraríamos zonas dedicadas a cultivos y otras a pastos para el ganado. Los pueblos íberos que ocupan esta zona, practicaban la agricultura y la ganadería extensiva de ovejas, cabras y caballos. Son frecuentes en los yacimientos arqueológicos de estos pueblos prerromanos, los restos de podaderas y hoces; las primeras, para desbrozar zonas de matorral denso y ganar terreno para pastos o cultivos y las segundas para recoger la cosecha de cereal.

Imagen de un mosaico del Yacimiento de Carranque. Autor y propietario de la foto Samuel López Iglesias.

Otras descripciones de autores romanos como Estrabón, Polybios y Catullus, destacan la abundancia de conejos en el territorio peninsular, lo que puede darnos pistas sobre la estructura de la cubierta vegetal en esa época, ya que el conejo prefiere para ubicar sus madrigueras, lugares con cierta cobertura vegetal arbolada o arbustiva, próximos a zonas abiertas con pastos y suelo desnudo. Aparte de todos estos relatos, en los análisis paleopolínicos realizados en la Península Ibérica aparecen desde finales del Mioceno, especies vegetales propias de zonas esteparias, lo que demuestra la existencia de espacios abiertos, sin árboles o con un dosel arbóreo disperso.

En época romana se produjo una importante expansión agrícola en terrenos de monte bajo dedicados a pastos, dándose posiblemente las primeras grandes roturaciones para explotaciones agrícolas planificadas, situadas generalmente en torno a las villas. También se intensificó progresivamente la agricultura con el uso del arado de reja y vertedera, la implantación de regadío y de nuevas variedades agrícolas. La pérdida de zonas de pastos como consecuencia de la expansión agrícola, llevó asociada nuevas talas y desbroces en las zonas de monte, para recuperar superficie de pasto para el ganado.

De lo anteriormente expuesto, podemos deducir que en la época romana los espacios arbolados de la Meseta se encontraban sustancialmente reducidos, en parte por la ausencia natural de vegetación arbórea en determinadas zonas, como consecuencia de determinadas condiciones climáticas y edáficas y por otra parte, por el aprovechamiento ganadero y agrícola de los pueblos íberos. A la llegada de los romanos a la zona centro peninsular, sólo se conservarían bosques densos en las áreas montañosas; en las laderas y piedemonte de la Sierra, el bosque estaría muy aclarado y contaría con abundante matorral y en las zonas llanas y en los fondos de los valles, la vegetación arbórea habría desaparecido por completo para dar paso a los campos de cultivo.


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